Cuando vemos como se relacionan con la naturaleza los pueblos, que los occidentales modernos llamamos erróneamente primitivos, nos damos cuenta de lo que hemos perdido. Me refiero a su respeto, a su reverencia por la Madre Tierra. Esto parece a un occidental moderno anticuado, primitivo, supersticioso incluso, sin embargo, no hace muchos años nuestros campesinos manifestaban ese mismo respeto. ¿Qué ha pasado en este tiempo? Está a la vista de quien quiera verlo: destruirmos nuestro entorno en busca de bienestar y llamamos bienestar a consumir nuestro entorno.
Yo no veo bienestar ninguno en vivir en un entorno sucio, degradado, yo no veo ningún bienestar en los ríos convertidos en cloacas, los campos llenos de basura, el aire polucionado o a no poder ver las estrellas en el cielo nocturno por culpa de la contaminación lumínica. Todo eso (y mucho más) es lo que hemos perdido a cambio de las golosinas que los publicistas y mercaderes nos hacen consumir a través de sus medios de intoxicación. Estas son las cadenas de nuestro bienestar.
Creo que las causas del calentamiento global son nuestra manera de pensar, nuestro sistema de valores que implica que la naturaleza está ahí para ser usada, consumida, explotada, lo que supone un grado de conciencia por debajo de los organismos vivos más simples, que viven sólo para sobrevivir. A este nivel nos encontramos la mayoría de los individuos humanos y, por supuesto, la mayoría de nuestros dirigentes políticos, económicos, científicos, ideológicos, artísticos, etc.
Mucho antes de que se comenzara a hablar de cambio climático el río de mi pueblo era ya una cloaca. Es necesaria pues alguna sensibilidad hacia la naturaleza para ver lo que está pasando. Muchos pensarán que el río de mi pueblo (y del tuyo) no tienen nada que ver con el cambio climático. Son ese tipo de personas que no ve ni siente más relación con su entorno que el que le proporciona su parcelita en el campo perfectamente vallada y cementada o un documental en televisión. Todos sus datos se contradicen con la evidencia del río de mi pueblo, del tuyo y del suyo convertidos en cloacas.
Si no podemos sentir nuestra ancestral relación con la naturaleza todas nuestras propuestas de negación o intentos de salvación son inútiles.
Quizá la solución esté en recuperar aquella manera de relacionarse con el mundo, basada en las cosmovisiones originarias (antiguas, indígenas y tradicionales), que desapareció con la modernidad.
Lo expongo con algo más de detalle en el blog http://eljaina.wordpress.com
No se trata de curar a la Tierra, sino de dejarnos curar por ella.