Veranear en el Mar del Norte bajo los auspicios del cambio climático
Miércoles, Marzo 28th, 2007Es el turismo la nueva cabeza de turco en la lucha contra el calentamiento global? ¿Sustituirá el Mar del Norte a las Baleares en unos años? Como se acaba de afirmar en la ITB de Berlín, la mayor feria turística del mundo, el cambio climático preocupa mucho a los consorcios turísticos europeos. Políticos de todos los colores están apelando a los alemanes a pasar sus vacaciones en casa en lugar de volar al extranjero. El presidente de la Asociación Alemana de Touroperadores, Klaus Laepple, ha calificado esta llamada de ‘poco real’, porque los destinos no son intercambiables. ‘En el Mar del Norte no hay templos asiáticos’, apunta el portavoz del primer touroperador europeo TUI, Robin Zimmermann.
Las estaciones de esquí del Pirineo aragonés reconocen que el cambio climático puede tener efectos negativos en el sector de la nieve, pero también recuerdan que esos posibles impactos se producirán a largo plazo y que por tanto hay tiempo para prevenirlos y minimizarlos. El grupo Aramón -responsable de los centros de Formigal, Panticosa y Cerler- anuncia que ya está trabajando en ello, y Astún confía en la innivación artificial como alternativa a la escasez de nieve natural. Sólo Candanchú se muestra escéptica ante las previsiones de los científicos.
El accidente de un crucero noruego en la Antártida, que encalló y derramó combustible en aguas heladas, reavivó el debate entre quienes propician una mayor actividad turística en esta zona y los partidarios de aumentar las regulaciones y restricciones.
La Comisión Europea presentó ayer, tras semanas de indecisión, su propuesta para obligar por ley a los fabricantes de coches comunitarios a reducir las emisiones de dióxido de carbono. Finalmente, la industria tendrá que hacer el mayor esfuerzo, creando vehículos que no superen los 130 gramos de CO2 por kilómetro; esta medida se verá complementada con una reducción de un 10% más, punto en el que tendrán que poner su granito de arena, entre otros, los Estados miembros. Bruselas defiende que se trata de un “enfoque integrado” que asegura tanto la competitividad de la industria europea como el respeto al medio ambiente, mientras que predice que los países más afectados serán España y el Reino Unido.







