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El calentamiento global deseca las lagunas del Ártico

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Científicos de las universidades canadienses de Queen y Alberta han encontrado una nueva prueba del calentamiento global: las lagunas de agua dulce de la Isla de Esslemere, en el Círculo Polar Ártico, han dejado de ser permanentes.


Para Marianne Douglas, que dirige, con su marido Smol, el equipo de investigadores de esas universidades, el descubrimiento ha sido una sorpresa. “Si hubiésemos llegado el año pasado a Cape Herschel (en Esslemere), habríamos pensado que se trataba de lagunas transitorias. Pero ahora sabemos que no es así. Fueron fuentes de agua durante miles de años”, afirmó en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’.

Las lagunas de agua dulce de la Isla de Esslemere, en el norte de Canadá, son un ecosistema singular. Las temperaturas extremas sólo permiten la vida a algunos microorganismos, plantas e invertebrados.

Las lagunas cumplen una función importante como proveedores de alimento y agua dulce para las aves migratorias. Pero son muy sensibles a los cambios en la temperatura, pues son poco profundas y muy extensas. Del mismo modo que el agua de un vaso se evapora en verano cuando es derramada sobre el suelo, el de las lagunas árticas desaparece al aumentar la temperatura.

El descenso del nivel de las aguas ha sido espectacular. En la década de 1980 para entrar en ellas era necesario vestirse con trajes impermeables que llegaran a la cintura. En el verano de 2006 se podía caminar sobre ellas sin mojarse. La sequedad era tal que las plantas podían incendiarse con sólo acercar un mechero. De este modo, la desaparición de las lagunas provocada por el calentamiento global puede acelerar el mismo. Unos espacios naturales que actuaban como “depósitos” de dióxido de carbono por la acción de su flora, pueden convertirse, por efecto del fuego, en fuentes de ese gas.

La desecación de las lagunas no puede obedecer a otra razón que el aumento de las temperaturas. De otro modo, no se explicaría el considerable aumento de las sales en las aguas que permanecen en las lagunas.

Para los autores del estudio, el umbral ecológico de estos ecosistemas, su completa desecación, ya ha sido cruzado. “Hasta ahora se nos había dicho que éramos alarmistas cuando hablábamos del calentamiento global. Ahora creemos que hemos sido demasiado optimistas”, señaló Smol Douglas.

Fuente: La Crónica

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